{"id":3911,"date":"2026-06-05T07:09:57","date_gmt":"2026-06-05T06:09:57","guid":{"rendered":"https:\/\/grupdeldissabte.org\/?p=3911"},"modified":"2026-06-05T07:09:57","modified_gmt":"2026-06-05T06:09:57","slug":"sinodalidad-en-femenino-vision-de-una-madre-sinodal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/grupdeldissabte.org\/index.php\/2026\/06\/05\/sinodalidad-en-femenino-vision-de-una-madre-sinodal\/","title":{"rendered":"SINODALIDAD EN FEMENINO: VISI\u00d3N DE UNA MADRE SINODAL"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-3912 aligncenter\" src=\"https:\/\/grupdeldissabte.org\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Cristina-Inoges-300x300.webp\" alt=\"\" width=\"170\" height=\"170\" srcset=\"https:\/\/grupdeldissabte.org\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Cristina-Inoges-300x300.webp 300w, https:\/\/grupdeldissabte.org\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Cristina-Inoges-150x150.webp 150w, https:\/\/grupdeldissabte.org\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Cristina-Inoges.webp 480w\" sizes=\"auto, (max-width: 170px) 85vw, 170px\" \/><br \/>\nCRISTINA INOG\u00c9S SANZ<\/p>\n<p>Agradezco a los responsables de la Tribuna Joan Carrera y, en<br \/>\nespecial a Marcel Joan Alsinella, su invitaci\u00f3n a compartir esta<br \/>\nreflexi\u00f3n sobre la sinodalidad en femenino y la visi\u00f3n de una madre<br \/>\nsinodal.<br \/>\nUna madre sinodal que nunca pens\u00f3 en serlo y que me llev\u00f3 a vivir<br \/>\ncada una de las etapas en las que me vi involucrada con sorpresa<br \/>\nal principio, con responsabilidad cuando estaba en el desempe\u00f1o<br \/>\ndel encargo recibido, con absoluta confianza de que, puede que<br \/>\nm\u00e1s lentamente de lo que nos gustar\u00eda, la Iglesia sinodal ya no<br \/>\ntiene vuelta atr\u00e1s y, ahora, conforme va pasando el tiempo veo todo<br \/>\nese proceso desde la esperanza y, por supuesto y como desde el<br \/>\nprimer d\u00eda, con mi profundo agradecimiento a Francisco que conf\u00edo<br \/>\nen m\u00ed.<!--more--><br \/>\nMi visi\u00f3n por ser mujer no es mejor, ni peor de la que pueda tener<br \/>\ncualquier padre sinodal. Es distinta. Porque, precisamente, ser<br \/>\nmujer en la Iglesia hace que esa mirada, como la de otras mujeres,<br \/>\nvenga de una larga historia de silencio -tambi\u00e9n es verdad que roto<br \/>\npor algunas antepasadas que encontraron c\u00f3mo burlar semejante<br \/>\ndesatino- y de un espacio donde las mujeres solo ten\u00edan labores<br \/>\nmuy poco visibles, generalmente relacionadas con el mantenimiento<br \/>\ny la limpieza, o dedicadas al campo caritativo-social para el que se<br \/>\nresaltaba como gran don la sensibilidad y que se consideraban m\u00e1s<br \/>\nvinculadas al coraz\u00f3n que al intelecto. Como si el coraz\u00f3n fuera<br \/>\nmenor. Siglos antes de que John Gray escribiese su famoso libro<br \/>\n\u201cLos hombres son de Marte y las mujeres de Venus\u201d (1992), la<br \/>\nIglesia decidi\u00f3 situarnos ya en esa antag\u00f3nica situaci\u00f3n como si<br \/>\nfuera la \u00fanica realidad posible.<br \/>\nEn cierto sentido, la sinodalidad ha venido a recortar esa distancia,<br \/>\ncomo otras muchas. Pero tambi\u00e9n es verdad, y esto es<br \/>\nimprescindible recordarlo, que la sinodalidad debemos hacerla<br \/>\nrealidad entre todos y entre todas, porque no es algo que se pueda<br \/>\ndelegar en manos de unos pocos.<br \/>\nVamos a partir de una realidad que, seg\u00fan lo que voy viendo, me<br \/>\nparece que no ha calado en lo que debemos entender por<br \/>\nsinodalidad y la forma de vivirla. La sinodalidad, que no fue un<br \/>\ninvento o una ocurrencia del papa Francisco, si bien nos ayud\u00f3 a<br \/>\nredescubrirla en la Iglesia, tiene un \u00e1mbito de desarrollo y vivencia<br \/>\nmucho m\u00e1s amplio.<br \/>\nPorque la sinodalidad, s\u00ed, es para aprender a ser Iglesia de otra<br \/>\nmanera, pero tambi\u00e9n y no menos importante, para aprender a ser<br \/>\nsociedad de otra manera y, si se me apura, a ser humanidad de otra<br \/>\nmanera. Todo esto nos lo adelant\u00f3 Francisco antes del S\u00ednodo de la<br \/>\nsinodalidad en Fratelli tutti, Laudato Si\u2019 y Laudato Deum. Y, por<br \/>\nsupuesto, en el Documento Final del S\u00ednodo, que recuerdo es<br \/>\nmagisterio eclesial por decisi\u00f3n de Francisco.<br \/>\nHabr\u00e1 alguien que podr\u00e1 pensar c\u00f3mo vivir esto en la sociedad, si<br \/>\npr\u00e1cticamente no sabemos vivirlo en la Iglesia. Esto ya se vislumbr\u00f3<br \/>\nen las dos asambleas sinodales de octubre de 2023 y octubre de<br \/>\n2024.<br \/>\nLas asambleas sinodales no fueron f\u00e1ciles. All\u00ed estaba representada<br \/>\ntoda la Iglesia universal. Francisco evidenci\u00f3 una vez m\u00e1s la<br \/>\ncoherencia de su pontificado en la elecci\u00f3n que hizo de quienes<br \/>\n\u00edbamos por primera vez. Esa parte elegida por \u00e9l supon\u00eda el 25% de<br \/>\nlos participantes. Y pod\u00eda haber creado un porcentaje a su imagen y<br \/>\nsemejanza, pero no lo hizo. En ese 25% est\u00e1bamos algunos muy<br \/>\nen la l\u00ednea de su pensamiento y de su pastoral y otros abiertamente<br \/>\nopuestos. En el 75% del resto de la asamblea, todos miembros<br \/>\nnatos por sus cargos, tampoco estaban todos a favor.<br \/>\nAprend\u00ed mucho durante todo el proceso sinodal. Confirm\u00e9 de<br \/>\nprimera mano que la Iglesia responde a ese poliedro del que nos<br \/>\nhablaba Francisco y que es una de las grandes riquezas que<br \/>\ntodav\u00eda, a d\u00eda de hoy, no sabemos aprovechar ni valorar.<br \/>\nTuve la oportunidad de conocer a esas personas a las que lees y<br \/>\nves en intervenciones en YouTube, pero piensas que nunca llegar\u00e1s<br \/>\na poder hablar con ellas y menos, tomarte un caf\u00e9 o cenar una<br \/>\nnoche, lo cual fue estupendo, lo reconozco.<br \/>\nSin embargo, y lo digo con el coraz\u00f3n en la mano, lo mejor ha sido<br \/>\nconocer a tantos cristianos an\u00f3nimos que con su vocaci\u00f3n<br \/>\nsilenciosa sostienen a una Iglesia, animan a una comunidad, y<br \/>\nparticiparon con todo convencimiento y entusiasmo en la primera<br \/>\nfase, la diocesana, y lo hicieron en muchas ocasiones ante la apat\u00eda<br \/>\ne incluso la oposici\u00f3n m\u00e1s o menos camuflada de los obispos de<br \/>\nsus di\u00f3cesis. Algo que pas\u00f3 en todo el mundo. Por eso mi<br \/>\nesperanza sigue firme en que el proceso sinodal es imparable,<br \/>\ngracias a esos cristianos an\u00f3nimos.<br \/>\nMe gustar\u00eda recordar que la sinodalidad no es un cambio<br \/>\nestrat\u00e9gico, ni una campa\u00f1a publicitaria destinada a cambiar una<br \/>\nimagen ni una marca. Eso no es la sinodalidad. La sinodalidad es<br \/>\nuna propuesta vital que requiere un querer, un amar y, no podemos<br \/>\nolvidar que el amor es un acto de la voluntad. Es decir, es necesario<br \/>\nquerer dar ese paso que nos lleve a la Iglesia sinodal. Porque, para<br \/>\nesc\u00e1ndalo de muchos, aunque suene extra\u00f1o, ser una Iglesia<br \/>\nsinodal es la forma m\u00e1s tradicional de ser Iglesia ya que la Iglesia<br \/>\nnaci\u00f3 sinodal y laical.<br \/>\nSin conversi\u00f3n al Evangelio, sin conversi\u00f3n al Esp\u00edritu de forma<br \/>\npersonal como inicio del proceso, y sin conversi\u00f3n pastoral y sobre<br \/>\ntodo estructural, ser\u00e1 muy complicado que la sinodalidad sea una<br \/>\nrealidad tan visible, que no haga falta citarla repetidamente para<br \/>\nque no se nos olvide que estamos en ello, que no fue un sue\u00f1o. Y,<br \/>\nlo que es m\u00e1s importante, que estamos ante una nueva fase de<br \/>\nimplementaci\u00f3n del Concilio Vaticano II.<br \/>\nSi hay una palabra que en sinodalidad es como una banda sonora<br \/>\nde excelente calidad y que nos acompa\u00f1a es la palabra \u201cescucha\u201d.<br \/>\nPorque, en realidad, la Iglesia est\u00e1 estructurada en el di\u00e1logo, que<br \/>\nes la \u00fanica forma de construir una Iglesia comuni\u00f3n y encuentro con<br \/>\nprocesos aut\u00e9nticos de escucha que afectar\u00e1n a nuestra reflexi\u00f3n<br \/>\nteol\u00f3gica y pastoral.<br \/>\nPero la escucha, como parte de la sinodalidad, no puede caminar<br \/>\nsola y, por lo tanto, resulta fundamental reconocer, acompa\u00f1ar y<br \/>\nformar en el ministerio de la escucha, unido al de la Palabra, pero<br \/>\ncon renovado acento, para que escuchadores de todas las culturas,<br \/>\npuedan hacer o\u00edr la voz diversa de las comunidades, la profec\u00eda<br \/>\ncolectiva que hoy encarna el grito de la tierra y de los excluidos, la<br \/>\nsabidur\u00eda popular que siempre ha fortalecido la tradici\u00f3n sapiencial<br \/>\nde la fe cristiana. Este ser\u00e1 un paso de maduraci\u00f3n en la fe, desde<br \/>\ny en la comunidad. Ministros de la escucha para reordenar las<br \/>\nparroquias, para invertir la l\u00f3gica de ense\u00f1ar-predicar, por un<br \/>\nescuchar-aprender-intuir a Dios, desde la voz de los m\u00e1s callados<br \/>\nde las comunidades.<br \/>\nUna Iglesia que reconoce el ministerio de la escucha, coraz\u00f3n de la<br \/>\ntradici\u00f3n narrativa de nuestra fe, como ayuda a la trasmisi\u00f3n del<br \/>\nn\u00facleo de la fe, que evita el clericalismo al validar todas las voces,<br \/>\nconstruye rondas sinodales de escucha donde Dios se revela desde<br \/>\ncada vida, desde las voces m\u00e1s improbables. Este es un ministerio<br \/>\ncontra la super-ideologizaci\u00f3n de nuestros tiempos, para volver a<br \/>\nDios desde los descartados.<br \/>\nLa crisis actual que atravesamos no es solamente pol\u00edtica o<br \/>\necon\u00f3mica. Es una crisis antropol\u00f3gica, es decir, es una crisis sobre<br \/>\nla comprensi\u00f3n del ser humano. Y esta realidad es la que nos<br \/>\nse\u00f1ala c\u00f3mo hacer pastoral, c\u00f3mo evangelizar, porque ya no se<br \/>\npueden transmitir conocimientos religiosos solamente, sino que hay<br \/>\nque ir trazando redes que permitan a las personas encontrarse<br \/>\nconsigo mismas, con los dem\u00e1s y con Dios en un mundo<br \/>\nabsolutamente desnortado como corresponde a los cambios de<br \/>\n\u00e9poca. Este es el gran desaf\u00edo que tenemos por delante, hacer<br \/>\nteolog\u00eda y llevar a cabo una pastoral que devuelva la esperanza al<br \/>\nser humano en el ser humano.<br \/>\nPor eso la sinodalidad insiste tanto en la escucha, el discernimiento<br \/>\ny la cercan\u00eda no como una moda pasajera, sino porque la b\u00fasqueda<br \/>\nde muchas personas hoy no es una b\u00fasqueda de respuestas<br \/>\nelaboradas y, en muchas ocasiones separadas de la realidad, sino<br \/>\nespacios donde el tiempo devuelva humanidad, y sus preguntas<br \/>\nsean dialogadas y no con respuestas aprendidas desde el<br \/>\ncatecismo.<br \/>\nLa fe la vivimos en medio de una cultura, de cambios tecnol\u00f3gicos,<br \/>\nde tensiones sociales, de nuevas sensibilidades, de heridas<br \/>\ncolectivas, de miedos externos adem\u00e1s de los propios, y b\u00fasquedas<br \/>\npersonales. Y, muchas veces, mientras esas realidades cambian<br \/>\nr\u00e1pidamente, nuestras formas pastorales siguen funcionando (por<br \/>\ndecir algo) como si el mundo siguiera siendo el mismo de hace 100<br \/>\na\u00f1os.<br \/>\nLa pastoral ya no puede limitarse a administrar actividades o<br \/>\nconservar estructuras que casi est\u00e1n quebradas. Necesita<br \/>\nconvertirse en experiencia de encuentro, en espacio de escucha en<br \/>\ncomunidad, de acompa\u00f1amiento mutuo\u2026 Esta forma de ser Iglesia<br \/>\nsinodal, es necesario aprenderla. Y, como la casa se construye a<br \/>\npartir de los cimientos, estos se ponen en el seminario. Este<br \/>\ntambi\u00e9n es un desaf\u00edo.<br \/>\nPara impulsar modelos sinodales en los seminarios y estructuras<br \/>\neclesiales, uno de los principales retos es contar con formadores<br \/>\nidentificados profundamente con este proceso de renovaci\u00f3n<br \/>\neclesial. Y no hay tantos.<br \/>\nTengamos presente que los seminarios pr\u00e1cticamente no<br \/>\nparticiparon en la fase diocesana del S\u00ednodo y que el clero menor<br \/>\nde 45 a\u00f1os, ha sido el gran cuello de botella del S\u00ednodo en Espa\u00f1a,<br \/>\ninsisto que estamos ante un gran desaf\u00edo.<br \/>\nEs urgente, por una parte, cambiar el sistema de selecci\u00f3n y<br \/>\nacompa\u00f1amiento sin miedo; por otra, renovar en clave sinodal la<br \/>\nteolog\u00eda que se imparte; y una tercera cuesti\u00f3n, incorporar a<br \/>\nmujeres como profesoras de asignaturas troncales, en la formaci\u00f3n<br \/>\npropiamente dicha y en el acompa\u00f1amiento espiritual.<br \/>\nAl seminario no llegan algunos, m\u00e1s o menos j\u00f3venes ahora, que<br \/>\nson m\u00e1s elegidos que otros. Hacerles creer que van a<br \/>\ncontracorriente de la sociedad, que son valientes por aceptar la<br \/>\nvocaci\u00f3n a la que Dios les llama en un mundo secularizado, es<br \/>\nmostrarles con toda claridad el primer pelda\u00f1o del clericalismo, del<br \/>\npeligroso clericalismo.<br \/>\nLa referencia al clericalismo suele percibirse como una forma dura,<br \/>\npero bastante vaga, de reprender a algunos los curas y tambi\u00e9n a<br \/>\nalgunos laicos y laicas, como una cr\u00edtica a un autoritarismo gen\u00e9rico<br \/>\no como un serm\u00f3n moralizante contra los que tambi\u00e9n podr\u00edan<br \/>\nconsiderarse simplemente &#8220;maleducados&#8221;, con el resultado de ser<br \/>\ntachada de generalizadora, y por tanto injusta, o de provocar<br \/>\nrespuestas como &#8220;a m\u00ed esto no me afecta&#8221; o &#8220;lo siento, es mi<br \/>\ncar\u00e1cter&#8221;. As\u00ed que nada cambia.<br \/>\nEn realidad, el tema del clericalismo es central en nuestra Iglesia<br \/>\nporque toca a los itinerarios formativos que, todav\u00eda a d\u00eda de hoy en<br \/>\nmuchos seminarios forman curas \u201cclericales\u201d, a las estructuras de la<br \/>\nvida eclesial organizada en torno al poder monocr\u00e1tico del obispo y<br \/>\nlos p\u00e1rrocos, sin instituciones que garanticen la transparencia, la<br \/>\nrendici\u00f3n de cuentas, etc., y a las din\u00e1micas deliberativas<br \/>\ndisfrazadas de consejos donde sus miembros solo pueden decir<br \/>\nque s\u00ed o que no a lo que ya llega decidido.<br \/>\nEl clericalismo tiene su expresi\u00f3n extrema que son los abusos<br \/>\nsexuales a menores por parte de miembros del clero, sin olvidar<br \/>\ntodas las otras formas de abuso y, sobre todo, el no reconocimiento,<br \/>\nahora, de las v\u00edctimas adultas no vulnerables. En esto habr\u00e1 que<br \/>\ninsistir dado el volumen que est\u00e1n presentando.<br \/>\nSon varios y muy serios los estudios que han sido publicados<br \/>\nrecientemente en Australia, Alemania, Francia o Estados Unidos<br \/>\nanalizando las causas del clericalismo. Coinciden en sostener que<br \/>\nla ra\u00edz \u00faltima y m\u00e1s profunda se encuentra en la &#8220;teolog\u00eda de la<br \/>\nelecci\u00f3n&#8221;, que reafirma al futuro sacerdote y a los sacerdotes en s\u00ed<br \/>\nmismos, como &#8220;persona especial&#8221;, &#8220;elegida&#8221;, &#8220;llamado por Dios&#8221;, &#8220;el<br \/>\n\u00fanico que tiene el poder de transformar el pan y el vino en el cuerpo<br \/>\ny la sangre de Cristo&#8221;, &#8220;el que hace visible a Cristo en medio del<br \/>\npueblo&#8221;, etc. Esta idea se traduce en una multiplicidad de signos<br \/>\nque lo distinguen y separan del resto de creyentes por su<br \/>\nvestimenta, por los t\u00edtulos de padre, monse\u00f1or, excelencia, etc.,<br \/>\nasumidos como normales.<br \/>\nLa selecci\u00f3n de los futuros sacerdotes no puede durar solamente<br \/>\nvarias conversaciones, sean las que sean; la selecci\u00f3n debe durar<br \/>\ntodo el proceso de formaci\u00f3n y, a ser posible, estar sostenido por un<br \/>\nacompa\u00f1amiento espiritual donde haya mujeres -Francia, Portugal y<br \/>\notros pa\u00edses ya lo tienen en algunos seminarios- y, aunque suene<br \/>\ncomo se suele decir un poco fuerte, tambi\u00e9n sostenido ese<br \/>\nacompa\u00f1amiento por un psic\u00f3logo forense porque esta psicolog\u00eda<br \/>\nno busca el tratamiento sino la evaluaci\u00f3n objetiva. Y, viendo lo que<br \/>\nvemos, y, sobre todo, lo que no vemos, es m\u00e1s que necesario.<br \/>\nLa teolog\u00eda que se imparte en los seminarios es, por as\u00ed decir,<br \/>\nbastante justita. Hay que preparar a los seminaristas para la Iglesia<br \/>\ny la vida del siglo XXI y esta preparaci\u00f3n tiene que ser impartida en<br \/>\nel contexto de la Iglesia sinodal que estamos construyendo.<br \/>\nEn los seminarios hay que ense\u00f1ar a hacer teolog\u00eda progresiva,<br \/>\nrepito, progresiva, que camine con y en la vida y que, por favor de<br \/>\nuna vez, no tenga miedo a caminar junto a otras ciencias sociales.<br \/>\nEn definitiva, en di\u00e1logo con el mundo. Y, cuando un tiempo<br \/>\nprudencial despu\u00e9s de la ordenaci\u00f3n, se vea la posibilidad de enviar<br \/>\na los sacerdotes a estudiar al extranjero, se considere tambi\u00e9n la<br \/>\nposibilidad de no reducir el horizonte acad\u00e9mico a las universidades<br \/>\nromanas de cuya reputaci\u00f3n nadie puede dudar. Pero, la teolog\u00eda,<br \/>\ntiene m\u00e1s mundo adem\u00e1s de Roma y de no menos prestigio. Abrir<br \/>\nmentes en un mundo intercomunicado, parece de sentido com\u00fan.<br \/>\n\u00a1Hacer teolog\u00eda juntos! como dijo el pasado marzo Le\u00f3n XIV en el<br \/>\nencuentro que mantuvo con miembros de la Facultad Teol\u00f3gica de<br \/>\nApulia y con el Instituto Teol\u00f3gico de Calabria. Y ense\u00f1ar una<br \/>\nteolog\u00eda que no termine polarizada en progresista -de esto no hay<br \/>\nmucho peligro en nuestros seminarios- o conservadora -de esto s\u00ed<br \/>\nhay peligro-. De ah\u00ed la importancia de esa teolog\u00eda progresiva.<br \/>\nPorque hoy en d\u00eda, saber hacer teolog\u00eda no es solo saber teolog\u00eda.<br \/>\nHay que saber hacer teolog\u00eda todos juntos porque, cuando esto se<br \/>\ntraslada a lo que llamamos \u201cteolog\u00eda contextual\u201d, podemos ver que<br \/>\nesta teolog\u00eda requiere necesariamente la incorporaci\u00f3n de otras y<br \/>\notros a la reflexi\u00f3n; nadie puede desarrollar una teolog\u00eda en di\u00e1logo<br \/>\ncon el contexto si lo hace solo, exclusivamente desde un punto de<br \/>\nvista personal y partiendo de sus propias experiencias. En cambio,<br \/>\nes necesario un intercambio enriquecedor, una encarnaci\u00f3n en esa<br \/>\nsituaci\u00f3n, un proceso de di\u00e1logo y una red de pensamiento.<br \/>\nY, todo esto, valorando las diferentes culturas que son esenciales<br \/>\nen esa comuni\u00f3n en la diversidad de la que tanto hablamos en la<br \/>\nIglesia sinodal, porque recordemos, como explica Evangelii<br \/>\nGaudium , que en la evangelizaci\u00f3n \u00abno es indispensable imponer<br \/>\nuna forma cultural particular, por muy bella y antigua que sea, junto<br \/>\ncon la propuesta evangelizadora [&#8230;]. No podemos esperar que<br \/>\ntodos los pueblos de todos los continentes, al expresar la fe<br \/>\ncristiana, imiten los modos adoptados por los pueblos europeos en<br \/>\nun momento determinado de la historia\u00bb (EG 117-118).<br \/>\nPor si esto fuera poco en la reforma de la preparaci\u00f3n de los futuros<br \/>\nsacerdotes, no podemos olvidar que es necesario entender que la<br \/>\nIglesia necesita de toda la ciencia y de los expertos en gesti\u00f3n de<br \/>\ninstituciones para aprender a gestionarse mejor. La mirada<br \/>\ninterdisciplinaria ayuda a interpretar de manera m\u00e1s profunda los<br \/>\nconflictos y desaf\u00edos presentes en los espacios eclesiales. Disciplinas como la sociolog\u00eda, la psicolog\u00eda, la econom\u00eda, o los diferentes modelos de gesti\u00f3n, aportan herramientas valiosas para fortalecer el discernimiento comunitario<br \/>\ny los procesos de decisi\u00f3n.<br \/>\nEn todo este proceso evolutivo de la formaci\u00f3n, la presencia de<br \/>\nmujeres es esencial ya en los seminarios. Ocultarnos all\u00ed, no nos va<br \/>\na ocultar de las parroquias donde van a ir estos seminaristas en un<br \/>\nfuturo. La mayor\u00eda de los d\u00edas de su labor parroquial los van a vivir<br \/>\nrodeados de mujeres y tienen, por lo tanto, que aprender a trabajar<br \/>\ncon nosotras, no contra nosotras y, mucho menos someti\u00e9ndonos a<br \/>\nellos.<br \/>\nEl DF del S\u00ednodo nos dice que toda la comunidad tiene que estar<br \/>\nimplicada en la formaci\u00f3n de los futuros sacerdotes porque es una<br \/>\ncuesti\u00f3n eclesial que nos afecta a todos porque es preciso que la<br \/>\nformaci\u00f3n no separe a los seminaristas del com\u00fan de la gente, sino<br \/>\nque con naturalidad los exponga a relaciones afectivas, espirituales,<br \/>\nintelectuales y pastorales que, seg\u00fan el paradigma de la Encarnaci\u00f3n, les haga m\u00e1s humanos.<br \/>\nLa formaci\u00f3n de los futuros ministros debe ser una responsabilidad<br \/>\nde todo el Pueblo de Dios que debe tener una palabra decisiva en el<br \/>\nmomento de aceptar personas a la formaci\u00f3n y en el de concederles el sacramento del orden.<br \/>\nAunque la dimensi\u00f3n acad\u00e9mica de la formaci\u00f3n no debe ser la<br \/>\n\u00fanica, s\u00ed es importante que los futuros ministros estudien la<br \/>\neclesiolog\u00eda del Concilio Vaticano II, especialmente la Eclesiolog\u00eda<br \/>\ndel Pueblo de Dios y su profundizaci\u00f3n a la luz de la sinodalidad.<br \/>\nTambi\u00e9n una cristolog\u00eda del seguimiento de la figura del Jes\u00fas<br \/>\nhist\u00f3rico tal como es presentado en los evangelios, con una<br \/>\natenci\u00f3n particular a la forma de las primeras comunidades<br \/>\ncristianas y los ministerios.<br \/>\nUna formaci\u00f3n acad\u00e9mica que debe ser igual para todos y conjunta.<br \/>\nSolamente una formaci\u00f3n conjunta de todos los miembros del<br \/>\npueblo de Dios que quieran estudiar teolog\u00eda, nos preparar\u00e1 para<br \/>\ndejar de creer -y de hacernos creer- que atacar lo que no<br \/>\nentendemos es una forma de defensa de la Iglesia. Seguir en esa<br \/>\nl\u00ednea solo sirve para seguir defendiendo el basti\u00f3n eclesi\u00e1stico que<br \/>\nno eclesial y, adem\u00e1s, muy torpemente.<br \/>\nNo tiene sentido separar al pueblo de Dios en el recorrido del<br \/>\ncamino cuando la meta es la misma: Evangelizar. Por eso, aunque<br \/>\nel significado primero de la sinodalidad es \u201ccaminar juntos\u201d, no todo<br \/>\nse puede reducir a eso porque, sin una verdadera y aut\u00e9ntica<br \/>\nconversi\u00f3n del coraz\u00f3n que nos lleve a la transformaci\u00f3n de las<br \/>\ncaducas estructuras, lo \u00fanico que conseguiremos ser\u00e1 volver a<br \/>\nexperimentar la decepci\u00f3n a la que convertimos la esperanza en el<br \/>\nConcilio Vaticano II.<br \/>\nNo \u00fanicamente, aunque s\u00ed en buena parte, la cuesti\u00f3n del<br \/>\ndiaconado femenino est\u00e1 ligada a la formaci\u00f3n y a su actualizaci\u00f3n<br \/>\nseg\u00fan los criterios sinodales.<br \/>\nDespu\u00e9s de las referencias neotestamentarias a Febe de la Iglesia<br \/>\nde Cencre, en la Carta a los Romanos 12,1-2; a las mujeres de la I<br \/>\nCarta a Timoteo 3,11 que muchos ex\u00e9getas identifican como diaconisas, tenemos numerosos testimonios de nombres e historias de diaconisas, activas en la Iglesia primitiva, hasta el siglo VII, sobre todo en Oriente y m\u00e1s raramente en Occidente. Por ejemplo, las 17 cartas de Juan Cris\u00f3stomo a la diaconisa Olimpia, las biograf\u00edas, los documentos legislativos y los rituales de ordenaci\u00f3n nos permiten identificar las tareas que se les encomendaban, que no eran exactamente iguales para todas ellas.<br \/>\nLa investigaci\u00f3n desde los a\u00f1os 70 del siglo pasado -es de justicia<br \/>\ndestacar la labor llevada a cabo en la investigaci\u00f3n por la te\u00f3loga<br \/>\nPhyllis Zagano-, se ha centrado en una cuesti\u00f3n b\u00e1sica de si<br \/>\ntenemos un rito de bendici\u00f3n y, por tanto, un ministerio laical o<br \/>\nexist\u00eda un rito de ordenaci\u00f3n y, por tanto, las diaconisas eran<br \/>\nministros ordenados, pertenecientes al clero.<br \/>\nPero, por resumir en una cuesti\u00f3n a la que se lleva dando largas<br \/>\ndesde el mismo Vaticano II y en la que la Iglesia vive en la<br \/>\nincoherencia de no admitir mujeres al diaconado, pero s\u00ed permitir<br \/>\nque lo ejerzan en cada vez m\u00e1s zonas del mundo, dir\u00e9 que el<br \/>\ndiaconado femenino no es un problema teol\u00f3gico. Es simplemente<br \/>\nel no querer de algunos hombres eclesi\u00e1sticos con el poder<br \/>\nsuficiente para paralizar cualquier propuesta al respecto y, con el<br \/>\nmanejo de maneras de decir y comunicar que presentan al<br \/>\ndiaconado femenino y a quienes lo apoyan como enemigos de una<br \/>\ntradici\u00f3n -con min\u00fascula- y como si esas personas fueran<br \/>\ndestructoras de la unidad de la Iglesia.<br \/>\nNo olvidemos que la conversi\u00f3n espiritual a la que nos invita la<br \/>\nsinodalidad va acompa\u00f1ada de un cambio de mentalidad y,<br \/>\nsinceramente, creo que el cambio de mentalidad en algunas<br \/>\nocasiones y cuestiones concretas va a ser m\u00e1s que necesario como<br \/>\nprimer paso.<br \/>\nCada uno de nosotros, de nosotras, estamos llamados a un<br \/>\nencuentro profundo, sereno, sin miedo a la relaci\u00f3n con Cristo<br \/>\nresucitado para, desde ella, poder convertirnos como comunidad. Si<br \/>\nde verdad nos tomamos en serio que ser disc\u00edpulos de Cristo es<br \/>\nvivir en nuestra vida la forma de vida que nos dej\u00f3, las cosas ser\u00edan<br \/>\ndiferentes.<br \/>\nPorque Jes\u00fas respond\u00eda a las preguntas de quienes de acercaban,<br \/>\npero tambi\u00e9n escuch\u00f3. Desde el principio escuch\u00f3 a una mujer y en<br \/>\nesa escucha descubri\u00f3 que su misi\u00f3n era universal (la cananea), y<br \/>\nescuch\u00f3 a otra mujer y, en esa escucha descubri\u00f3 a la primera<br \/>\nevangelizadora (la samaritana). Y escuch\u00f3 a los disc\u00edpulos del<br \/>\nCamino de Ema\u00fas, no porque no supiera de qu\u00e9 le estaban<br \/>\nhablando, sino porque ellos, los disc\u00edpulos ten\u00edan necesidad de<br \/>\nhablar, de ser escuchados.<br \/>\nY nos toca escuchar mucho y hacerlo con atenci\u00f3n porque vivimos<br \/>\nen un mundo y en una Iglesia con mucho ruido. Un ruido que nos<br \/>\nllega a la Iglesia en proceso de conversi\u00f3n sinodal, b\u00e1sicamente a<br \/>\ntrav\u00e9s de una ideolog\u00eda pol\u00edtica con reminiscencias y muchas<br \/>\nevidencias de \u00e9pocas no lejanas y muy oscuras de nuestra historia,<br \/>\nque llega del otro lado del Atl\u00e1ntico y que disfrazada de un lenguaje<br \/>\ncristiano, aunque vaciado de todo su aut\u00e9ntico contenido y usando<br \/>\nel nombre de Dios en vano, ha calado muy r\u00e1pidamente en la<br \/>\nsociedad y en una parte considerable de la Iglesia.<br \/>\nEsta ideolog\u00eda que conocemos como \u201cteolog\u00eda de la prosperidad\u201d,<br \/>\ntiene un mensaje demoledor que, muy resumidamente, viene a<br \/>\ndecir que si eres rico y blanco es porque Dios te bendice y est\u00e1<br \/>\nsiempre contigo, y que si eres pobre y, por supuesto no blanco, es<br \/>\nporque algo has hecho mal, Dios no te bendice y nunca tendr\u00e1s<br \/>\nposibilidad de salir de esa situaci\u00f3n.<br \/>\nEsto, unido a la proliferaci\u00f3n de las mal llamadas iglesias<br \/>\nevang\u00e9licas -que no tienen nada que ver con las Iglesias<br \/>\nprotestantes y si con las sectas- est\u00e1 creando un ambiente<br \/>\nagobiante para el verdadero mensaje evang\u00e9lico.<br \/>\nEs evidente que no podemos ni debemos vivir como si los peligros<br \/>\nde la guerra, de un absolutismo propio de dictaduras que cre\u00edamos<br \/>\npasadas, del reduccionismo de ver al ser humano v\u00e1lido solamente<br \/>\npor el color de su piel no existieran, pero, reconociendo la oscuridad<br \/>\ndel mundo hay palabras que debemos ponernos como tarea<br \/>\npronunciar de forma sentida una vez al d\u00eda, por lo menos: Perd\u00f3n,<br \/>\ngracias, piedad, tolerancia, misterio, humildad, esperanza\u2026 Esta<br \/>\npalabra, en la enc\u00edclica Magnifica humanitas, de Le\u00f3n XIV, en el<br \/>\nn\u00famero 81, viene expresada en un binomio que tomado en serio<br \/>\npuede ser revolucionario: \u201cderecho a la esperanza\u201d.<br \/>\nEsas y otras palabras que cada uno puede estar pensando en este<br \/>\nmomento tienen que convertirse en luz, en faros que anuncien ese<br \/>\nespacio de \u201cderecho a la esperanza\u201d en el que al \u201ctodos, todos,<br \/>\ntodos\u201d, que dijo el papa Francisco, se sume el \u201cjuntos, juntos,<br \/>\njuntos\u201d, que resuena claramente en el mensaje de Le\u00f3n XIV.<br \/>\nA todo esto nos llama la sinodalidad. En realidad, a amar porque<br \/>\ncada vez que amamos a alguien o a algo, lo estamos uniendo a la<br \/>\nresurrecci\u00f3n. Y la Iglesia necesita resucitar de sus miedos<br \/>\nancestrales y de sus atascos hist\u00f3ricos y ser resucitadora en un<br \/>\nmundo oscuro.<br \/>\nEn todo esto, haciendo juntos, caminando juntos, la figura del<br \/>\nobispo adquiere una dimensi\u00f3n nueva que tambi\u00e9n debe ser<br \/>\naprendida por todos y juntos.<br \/>\nPorque, el obispo que tutela todos los procesos colectivos que<br \/>\n&#8220;construyen&#8221; la Iglesia, no debe trabajar aislado. Debe ir<br \/>\nacompa\u00f1ado por todos, por todas, que le ayuden a comprender y a<br \/>\ndesarrollar lo que supone un liderazgo sinodal \u00e9tico.<br \/>\nEsta realidad, la de la transparencia, porque una Iglesia que no cree<br \/>\nen la transparencia, que no entiende la obligaci\u00f3n de mostrar su<br \/>\ngesti\u00f3n y que no puede ser requerida a dar estas explicaciones, es<br \/>\nuna Iglesia que se concibe a s\u00ed misma como superior a todo,<br \/>\ninfalible y que ve al resto, sobre todo al laicado, en un nivel inferior a<br \/>\nella, y a su servicio. Y, as\u00ed, se dibuja una Iglesia, llena de<br \/>\nsecretismo, de pol\u00edticas de ocultamiento de la verdad -abusos<br \/>\nincluidos-, y amparada en un supuesto bien mayor.<br \/>\nLos distintos aspectos de la rendici\u00f3n de cuentas, asumidos por<br \/>\ntodos los miembros de la Iglesia, tendr\u00edan que estar regulados por<br \/>\nescrito o incluso jur\u00eddicamente y, para que nadie considere que la<br \/>\ntransparencia, la rendici\u00f3n de cuentas, y la evaluaci\u00f3n pueden<br \/>\nterminar en una especie de ajuste de cuentas, los n\u00fameros 95-102<br \/>\ndel DF del S\u00ednodo nos describen muy bien c\u00f3mo hacerlo en las<br \/>\ndebidas condiciones.<br \/>\nPor eso y por otras cuestiones, los obispos deben estar<br \/>\nacompa\u00f1ados por la comunidad que, evidentemente, debe tener<br \/>\nmucha m\u00e1s voz en la elecci\u00f3n de quien la va a presidir y, sobre todo<br \/>\ny desde la imagen del obispo que se casa con su di\u00f3cesis, porque<br \/>\n\u00bfc\u00f3mo entender que el consentimiento es v\u00e1lido si falta una de las<br \/>\nvoces de los contrayentes?<br \/>\nEn la Iglesia de los primeros siglos, era un derecho fundamental del<br \/>\npueblo que, seg\u00fan Cipriano de Cartago (258), &#8220;tiene el poder de<br \/>\nelegir a los obispos dignos y de rechazar a los indignos&#8221;. Celestino<br \/>\nI, siglo V, dec\u00eda que \u201cun obispo no propuesto por el pueblo no debe<br \/>\nser impuesto al pueblo&#8221;, y Le\u00f3n Magno, tambi\u00e9n en el siglo V,<br \/>\nsosten\u00eda que, &#8220;el que preside a todos debe ser elegido por todos&#8221;,<br \/>\nreafirmando el derecho de las Iglesias locales a elegir a sus propios<br \/>\nl\u00edderes supremos. Lo que hemos perdido en el camino, \u00bfverdad?<br \/>\nA los obispos, adem\u00e1s y sobre la idea de presidir, se les agradece<br \/>\nque habiten los territorios que Dios les conf\u00eda porque solo habitando<br \/>\nse conoce de verdad a los dem\u00e1s y, los obispos deben conocer la<br \/>\nrealidad que pisan y a las personas que habitan esa realidad,<br \/>\nrespetando su cultura, su lengua, su ser en definitiva, ensanchando<br \/>\nla tienda, y acogiendo en la mesa en la que todos somos invitados<br \/>\npor el mismo Jes\u00fas, sin diferencia.<br \/>\nTermino se\u00f1alando el doble objetivo de la sinodalidad: por un lado,<br \/>\nen la l\u00ednea misionera marcada por Evangelii gaudium, \u00abel objetivo<br \/>\nde estos procesos participativos no ser\u00e1 principalmente la<br \/>\norganizaci\u00f3n eclesial, sino el sue\u00f1o misionero de llegar a todos\u00bb<br \/>\n(EG 31); por otro, en la l\u00ednea de la diacon\u00eda social relanzada<br \/>\nen Laudato si\u2019 y Fratelli tutti, la sinodalidad aspira a construir un<br \/>\npueblo, una comunidad fraterna y misionera al servicio del bien<br \/>\ncom\u00fan de la sociedad y al servicio del cuidado de la casa com\u00fan.<br \/>\nVivimos en un mundo muy herido y en una Iglesia que ha<br \/>\nemprendido el camino de sanar tambi\u00e9n heridas profundas y viejas.<br \/>\nTenemos que aprender a sabernos situar en la realidad con<br \/>\nhumildad. El poeta Joan Margarit dec\u00eda que la herida tambi\u00e9n es un<br \/>\nlugar donde vivir.<br \/>\nAprendamos a hacerlo porque, seguramente la consecuencia de<br \/>\nese ejercicio misionero al que estamos llamados, har\u00e1 que afloren<br \/>\nconflictos y hasta contradicciones. No cambiemos la mirada, no nos<br \/>\nneguemos a nombrar lo que no nos gusta, no entendemos, o nos<br \/>\ncausa miedo. Por no haberlo hecho antes, estamos en la situaci\u00f3n<br \/>\nque estamos.<br \/>\nLa unidad en la diversidad es posible y, sobre todo, no olvidemos<br \/>\nque el S\u00ednodo de la sinodalidad nos invita a trabajar \u201cpor una Iglesia<br \/>\nsinodal a trav\u00e9s de la comuni\u00f3n, la participaci\u00f3n, y la misi\u00f3n\u201d. Y no<br \/>\nolvidemos que no estamos solos porque la Trinidad capitanea la<br \/>\nnave. GRACIAS.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CRISTINA INOG\u00c9S SANZ Agradezco a los responsables de la Tribuna Joan Carrera y, en especial a Marcel Joan Alsinella, su invitaci\u00f3n a compartir esta reflexi\u00f3n sobre la sinodalidad en femenino y la visi\u00f3n de una madre sinodal. 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