Meditación para este Viernes Santo 2025 Antonio Duato, membro del Grup Cristià del Dissabte, 18-abril-2025
Yo había proyectado vivir esta Cuaresma y Semana Santa con una reflexión meditación semanal, como lo hice ya en 2019 y 2024. Los acontecimientos y tal vez mi creciente dificultad para volcar en pantalla lo vivido y pensado no me lo han permitido.
Hoy me animan a hacerlo mis dos compañeros principales de cordada, Grothendieck y Légaut, ambos místico laicos y seculares pero unidos en concebir el costoso trabajo de escribir como misión personal, la manera de entregarse a los demás para ser comidos y digeridos por los otros: “Tomad y comed… Y repetid este gesto en memoria mía”. Así nacieron esas obras de ambos que hoy siguen alimentando y fortaleciendo mi espíritu. Pero en esto, tan personal como la manera de escribir, no se puede imitar a otro. Hay que crear. Y hoy hago un esfuerzo especial para comunicarme en este Viernes Santo.
Pero crear puede ser recrear
Grothendieck escribía con pasión cada día, como un torrente impetuoso de hojas que salían de su máquina de escribir. Iba anotando todo lo que vivía, sentía y pensaba, aunque siempre lo revisaba, añadiendo notas a lo escrito ya. Aparte de sus muchos libros sobre matemáticas, entre 1983 y 1988 escribió dos enormes obras de casi 2.000 páginas cada una, que son las que ahora estoy leyendo con calma. Y, en el largo periodo de mayor reclusión que siguió a su crisis de 1990, hasta su muerte en 2014, dejó más de 40.000 págias escritas y ordenadas que hoy aún están sin leer y transcribir, en cajas que se conservan en la Biblioteca Nacioal de Francia. ¿Qué sorpresas y mensajes guardarán? Confieso que el llegar a descubrirlo alimenta aún mi curiosidad y ganas de vivir un poco más.
Légaut, que escribió sus obras fundamentales veinte años antes de morir, luego, salvo alguna rara excepción, sólo hacía que volver sobre ellas, releyendo sus capítulos en charlas, sin necesidad de añadir más, solo comentando para sus seguidores más directos si estaba bien dicho lo que escribió o si era pura “mermelada”, no algo salido de él mismo.
Yo, en cambio, he escrito poco. Nigún libro mío con mi sola autoría. Solo algunos capítulos en libros colectivos o revistas. Muchas presentaciones y pequeñas notas introductorias. Y, sin embargo, al releer textos anteriores, me doy cuenta de que no estaban mal. Que incluso, en su momento, llegaron más lejos de lo que podría lograr ahora para expresar mi vivencia interior. Al volver a lo que dejé escrito, descubro que ahí sigue latiendo algo esencial. Y lo mejor que puedo hacer hoy es recordarlo, comentarlo, y dejarlo resonar de nuevo.
En concreto, he releído un texto que publiqué hace seis años en ATRIO: una Meditación para alcanzar amor, inspirada en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio y aportando al final un texto largo de Juan Luis Herrero del Pozo (1934-20199, teólogo, misionero, pensador crítico, y una columna básica de este foro. Ya hice referencia a ella el pasado Viernes Santo, en un artículo cuaresmal que recogía también voces nuevas. Pero no me importa volver sobre lo mismo. A veces, lo que más necesitamos es volver a mirar con ojos nuevos lo que ya sabíamos o habíamos leído.
Por eso, prefiero que aquí cortéis sin más los que estoy escribiendo hoy y volváis a leer como totalmente nuevo, el texto que escribí hace seis años y que podréis encontrar aquí, con los comentarios de siete de los comentaristas clásicos de ATRIO: Carmen, Gonsalo (†), Pilar, Alberto, Asun (†), Ana y George. Dos ya nos dejado. Otros dos se ven impedidos de escribir, como antes. ¿No es este un ejemplo de una comunidad en tránsito hacia otra dimensión?. Abrid y leed, por favor el texto en cuestión antes de seguir leyendo lo de hoy:
https://www.atrio.org/2019/04/contemplacion-para-alcanzar-amor/
Solo tras esa lectura pueden entenderse estas notas de actualización en 2025:
Juan Luis Herrero del Pozo. Hago referencia en mi escrto de 2019 de la última ocasión en la que hablé con él. Mes y medio después, el 6 de junio de 2019, descansaba en el abrazo de su Pdre en el que nunca había dejado de creer. Creo que ATRIO tiene una responsabilidad de dar a conocer más sus escritos dobre “Mi nuevo paradigma teológico” que no llegó a ser publicado como libro pero que se conservan en sus artículos aquí.
- La pasión continúa:Jesús sigue siendo crucificado hoy. Y con más extensión y descaro que hace seis años. Urge una reacción más consecuente con ese actuar que en su tiempo llevaron a muchos cristianos a poner en la historia gestos concretos por la Ayuda y la Paz: como la huelga de hambre de Juan Luis, acampado en plena Castellana de Madrid, pidiendo el 0,8 % de los Presupuestos para “Cooperación y Desarrollo” (cuando hoy se niega lo conseguido incluso por quienes quieren llegar al 2 % y más en Defensa).
En este nuevo Viernes Santo global, lo vemos con claridad: aumenta el número de víctimas inocentes en tantas partes del mundo —en Gaza y Palestina, entre el pueblo israelí que no quiere guerra, en Ucrania, en el pueblo ruso oprimido, en Sudán, entre los rohinyás en Myanmar, en barrios empobrecidos de Estados Unidos, en comunidades valencianas golpeadas por la desatención institucional, en las mujeres asesinadas por violencia de género…— y podríamos seguir con muchos más ejemplos. Etcétera. - Es respetable la religiosidad popularque en parte de nuestras regiones y ciudades se manifiesta este día como Procesiones y expresiones folclóricas callejeras. En otro articulo hablé del valor propedéutico residual de la religiosidad popular. Pero hoy debe llevar a quienes puedan a hacer un auténtico vivir del profundo sentido espiritual que hay en el fondo de esas costumbres y en el ala de todos ser humano.
- Por eso hay que proclamar en esta nueva crisis global que el trumpismo está liderando la hibris y la hipocresía con que se quiere etiquetar el nuevo movimiento populista de cruzada querida por Dios para liberar el mundo de falsos despertares de conciencia y restablecer el orden y la seguridad. Las campañas de exaltación nacionalista, como el “Make America Great Again”, se usan para justificar sistemas violentos bajo el signo de la cruz.
Pero lo más grave para mí es que muchos creyentes, ante la atribución de lo sagrado al cristianismo tradicional, se alejan de la Iglesia o se desilusionan de su fe. Cabe la esperanza de que, a menudo, este distanciamiento no sea una pérdida, sino el inicio de una verdadera renovación interior.En lugar de caer en cinismo o nostalgia, hay quienes emprenden un camino nuevo: una fe más libre, más lúcida, más interiorizada. Lejos de la magia o el dogma, se abre un espacio para reencontrar a Dios desde la vida misma.
- El alma que siente, discierne y se eleva. El texto de San Ignacio —y su relectura por Herrero del Pozo— activa, de hecho, las tres dimensiones fundamentales del ser humano, que hoy podemos nombrar con más precisión gracias al diálogo con la psicología, la ciencia y la filosofía contemporáneas:
- Primero, la dimensión sensible y corporal, que nos vincula al mundo, al dolor de los cuerpos heridos y al gozo de las presencias. La compasión nace en el cuerpo.
- Luego, la dimensión lógica y racional, que nos permite analizar, comprender, discernir nuestras decisiones. La razón es necesaria para la libertad.
- Y por fin, la dimensión espiritual, ese fondo del alma donde se gesta el sentido, donde la vida se orienta no solo por lo útil, sino por lo verdadero y lo bueno.
San Ignacio no usa esta terminología moderna, pero su texto las convoca todas. Invita a mirar la vida y tomar decisiones usando el cuerpo, la razón y el deseo profundo de amar más. Todo lo que somos está llamado al amor. Y eso es lo más ignaciano que puede decirse.6. Cerrar en silencio: luz desde la cruz
Para cerrar esta meditación, quiero dejar espacio al silencio y a la poesía. Aunque hoy muchos no la busquen, creo que este soneto de Pedro Miguel Lamet, publicado también para este Viernes Santo de 2025 en RD, dice lo que sólo el verso puede decir. Y completa, en belleza y profundidad, lo que este texto apenas ha querido evocar.
LUZ DESDE LA CRUZ
Pedro Miguel Lamet
Me duele este planeta torturado
de mentiras, de odios y de guerras,
tan perdido entre espantos y entre encierros,
que a veces ya no sé si habrá mañana.
Y tú sigues ahí, crucificado,
como un signo de amor sobre la tierra,
sin más poder que el gesto de unos brazos
que todo lo perdonan y lo abrazan.
Si me alejo, me miras con ternura.
Si blasfemo, comprendes mi locura.
Si me caigo, te agachas y me alientas.
Y aunque a veces me esconda en la penumbra,
no hay dolor en el mundo ni pregunta
que no tenga en tu cruz su luz más cierta.
