REFLEXIONS SOBRE L’ADVENT (II)

CÓMO VIVO LA ESPERANZA.                                                                                                        Deme Orte és membre del Grup Cristià del Dissabte. 

Vivimos en un mundo a grandes rasgos desesperanzado y desesperanzador: crece la desigualdad y la injusticia, domina la violencia, el poder se ejerce con matonismo: Trump y las grandes empresas que dominan el mundo; el maltrato a la Tierra lleva hacia el colapso…; y en la Iglesia sigue el clericalismo. Para no hundirme en la desesperanza, me ayuda distinguir entre esperanza y expectativas. Las expectativas son muy negras, pero la esperanza no depende de fuera sino de dentro. La verdad es que siento la esperanza como un don: un don del Espíritu, no mérito mío. Me siento una persona esperanzada a pesar de todo. La esperanza es un impulso interior que anima a seguir a pesar de todo.

Navidad significa para mí creer en la Vida y en lo pequeño: un niño que nace. Siempre la esperanza es pequeña y débil y nace desde abajo; pero, como la Vida misma, se abre camino. Es un desafío que mira adelante. Se alimenta de la memoria pero no se queda en el pasado; mira adelante no como “futuro” sino como horizonte hacia el que caminar, aunque no lleguemos a lo que soñamos. Y eso ayuda a vivir el presente con intensidad: vivir la vida con esperanza. El solsticio nos enseña también que los días se acortan y se alargan, que hay días oscuros y días luminosos; pero todo es vida y la vida sigue y hay que vivirla intensamente.

También ayuda sentirse en compañía con gente esperanzada. Y hay muchas realidades esperanzadoras: juventud (y gente mayor) comprometida en la ecología, el pacifismo, el feminismo, realidades alternativas al sistema capitalista como cooperativas, cooperación, voluntariado, todo lo que sea comunitario, defender lo público, solidaridad, vida sencilla, apoyo mutuo… Mi pequeña comunidad, por ejemplo, alimenta mi esperanza. Es pequeña pero no se rinde.