LAICIDAD Y CULTURA RELIGIOSA

José Mª Jordán Galduf és excatedràtic d´Economia de la Universitat de València.

LAICIDAD Y CULTURA RELIGIOSA

Acabo de leer el último libro de Eduardo Mendoza: Las barbas del profeta (Seix Barral, 2020). Es un bello texto que sugiere muchas cosas, aunque no se esté siempre de acuerdo con el autor. En particular, me ha hecho pensar en el bagaje cultural que se pierden las nuevas generaciones si falta la enseñanza religiosa en su formación escolar (del mismo modo en que una reducción de las humanidades en los planes de estudio puede causar un efecto bastante pernicioso).

Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) relata aquí el modo en que la asignatura Historia Sagrada le originó en su infancia una fascinación especial por la palabra escrita y el mundo de la ficción. Dicha materia era un resumen de algunos de los pasajes más relevantes de la Biblia, y formó parte de la educación juvenil en España durante un largo periodo de tiempo. Eduardo Mendoza se reconoce como no creyente, pero ve en la Biblia el compendio de mitos fundacionales más grande que existe, y los mitos tienen por objeto explicar lo desconocido y lo inconmensurable.

De una forma bastante desenfadada y muy ágil, aunque su escepticismo le hace caer a veces en un exceso de simplicidad, el autor repasa los principales episodios de aquella Historia Sagrada, con sus ilustraciones e imágenes de acompañamiento: desde la creación del mundo (con Adán y Eva y la marca de Caín) hasta la llegada de Jesucristo, pasando por el diluvio universal, la Torre de Babel, la travesía del desierto, la Tierra Prometida y los grandes poetas y reyes del pueblo de Israel.

Finalizada la etapa escolar, Eduardo Mendoza dejó atrás aquella Historia Sagrada y todo lo que se hallaba relacionado con la misma. También en mi caso tuve una experiencia similar a la de este autor (del que difiero unos siete años). Sin embargo, recientemente quise acercarme de nuevo al estudio de la Biblia y mis ojos lo vieron todo con un prisma mucho más rico, matizado y complejo. Tuve la suerte de tener un magnífico profesor de la materia: Ricardo Lázaro Barceló.

La Biblia es un gran texto (considerado de inspiración divina) destinado a explicar el sentido del universo y dirigir los pasos de la humanidad. Es una colección de muchos libros de carácter diferente (crónicas, interpretaciones, profecías, consejos prácticos, normas de conducta, poemas amorosos, plegarias) que reflejan el modo en que la humanidad ha vivido el misterio de Dios a través de la historia. Un misterio que Jesús traduce y convierte en un modo especial de vida en el Nuevo Testamento. Las preguntas del agnóstico y del ateo son preguntas que ha de hacerse también el creyente.

Desgraciadamente, la enseñanza de la religión (al igual que la de otras materias) no siempre ha sabido hacerse de la mejor manera posible. La ley Celaá plantea que la cultura de las religiones pueda ser una asignatura en Primaria y Secundaria, dejando abierta esta posibilidad a un desarrollo posterior por parte de las distintas Comunidades Autónomas. En mi opinión, esta es una posibilidad que no debería desaprovecharse, aunque dicha enseñanza se oriente de una forma que no sea necesariamente confesional.